Dos hermanos sobreviven al coronavirus

Los sucesos del mes de marzo parecían ir de mal en peor. Las noticias del coronavirus se amontonaban. Lo que habíamos visto en China, lo que estaba sucediendo en Italia, ya estaba en nuestro país y en nuestra ciudad. Llegó la noticia del cierre de los colegios en Madrid el día 11, el mismo día en que la OMS declaró una pandemia mundial; España entró en el estado de alarma el 14 de marzo.

En lo personal, recibíamos noticias una tras otra de amigos que estaban cayendo enfermos. Los grupos de WhatsApp se convirtieron en listas de oración urgente. Me acuerdo cuando mi amiga María Ester nos contó que dos de sus hermanos, José Pablo y Juan, estaban en urgencias y luego fueron ingresados.

José Pablo Sánchez es director del programa Buenas noticias TV de TVE, y también director de Decisión España, entre otras responsabilidades.

Ha comentado su experiencia con el coronavirus en distintos medios; llegó a tener pneumonia y a temer por su vida. En un video que publicó en Facebook cuenta que aun en el hospital, con fiebre, debilidad y mascarilla de oxígeno, reconoce que Dios le ayudó y sentía su presencia, su paz y su compañía. Leía mucho la Biblia, sobre todo los Salmos y el libro de Proverbios y da gracias a Dios por estar ya recuperado, si bien dice que se siente triste por los que han perdido la vida; no entiende porqué unos se sanan y otros mueren, aunque sí sabe que, incluso en caso de muerte, Dios se hace presente con su consolación y está a nuestro lado en los momentos más difíciles.

«La muerte rondaba los pasillos de aquel hospital».

Resulta interesante y conmovedor el artículo que publicó José Pablo en la página web de Decisión, Cinco lecciones que aprendí en el hospital mientras luchaba con el Covid-19:

«La muerte rondaba los pasillos de aquel hospital y yo era consciente de que podría venir a por mí también, dado que tenía factores de riesgo graves como son hipertensión y afecciones cardíacas.  De modo que tuve que prepararme para ese posible momento. Clamé a Dios pidiendo que protegiera mi vida y la de mi familia, pues mi esposa también estaba contagiada; además mi hermano mayor, su esposa y mi madre estaban ingresados en otro hospital». 

En el artículo, José Pablo cuenta como la música y la alabanza fueron una fuente de gozo y paz que ayudaban a calmar su ansiedad. La letra de las canciones afirmaban las grandes verdades de Dios y supusieron un ancla para su alma, recordándole las promesas de Dios. Otro aliciente fueron las oraciones de muchas personas, no solo las más allegadas. Una verdadera tsunami de oración hacia Dios por su sanidad.

«Fue una bendición sentirme tan arropado y cubierto por las oraciones de miles de hermanos, que aún hoy siguen escribiéndome e interesándose por mí. Esas oraciones me animaron mucho, me fortalecieron y estoy seguro que son una de las causas de mi pronta recuperación. Una vez más quiero agradecer a Dios por ese amparo de oración».

Pasamos ahora a la experiencia de Juan, el hermano de José Pablo.

«En Urgencias sólo sientes que puedes empeorar».

Relata que no fue consciente inicialmente de la gravedad con que le afectó el coronavirus. En la fase inicial, estuvo en casa con fiebre, perdió el apetito e incluso las ganas de beber. Después de una semana, y ante el riesgo de deshidratación, viendo que no mejoraba, se acercó a Urgencias del hospital de Torrejón de Ardoz, la ciudad donde vive.

«Uno llega a Urgencias con la esperanza de que después de las pruebas médicas, le devuelvan a casa, pues no siente que la enfermedad le esté afectando gravemente. La primera frustración viene cuando después de unas radiografías y un análisis de sangre, te dicen que vas a ser ingresado, que necesitas cuidados hospitalarios para curarte del coronavirus.

El paso por Urgencias resulta bastante duro; yo estuve un día sentado en una silla, y el siguiente en un sillón, en compañía de otros enfermos que ves que están en peores condiciones que tú, y otros que llegan y ellos sí, afortunadamente, son devueltos a sus casas.

En esos momentos sólo piensas en que te suban a planta para que comience el proceso de sanación, en condiciones más favorables, lo antes posible; pues en Urgencias sólo sientes que puedes empeorar; es evidente que ésta es una impresión muy subjetiva y condicionada por la situación».

Por fin subieron a Juan a planta, a una habitación del hospital:

«Una vez en planta el horizonte de sanación se despeja un poco y crecen las ganas de salir adelante… aunque sabes que te esperan varios días, en el mejor de los casos, o unas semanas en el peor, en los que la evolución de la enfermedad está llena de incógnitas e incertidumbres».

Después de una semana ingresado, ya sin fiebre y sin problemas respiratorios, se veía la posibilidad de que Juan pudiera irse a casa para seguir con la recuperación. Solo tenía que esperar los resultados de un análisis de sangre.

Pero a los pocos días nos llegó la noticia que Juan tenía insuficiencia respiratoria, renal y hepática.

Las noticias de los muertes por el virus estaban al orden del día pero me acuerdo como otro amigo, el pastor Marcos Zapata, nos animaba a no dejarnos vencer por el miedo y nos compartió un sentir que había tenido al leer la historia del naufragio de San Pablo en el libro de los Hechos de los Apóstoles. En un momento de este relato San Pablo dice a sus compañeros de barco que nadie va a perder la vida:

Pero ahora os exhorto a tener buen ánimo, pues no habrá ninguna pérdida de vida entre vosotros, sino solamente de la nave.

Hechos 27:22

Estas palabras me inspiraron de fe y me ayudaron en las próximas semanas a enfrentarme a las noticias tan terribles que escuchábamos y a creer que podríamos salir de esta situación; oraba fervientemente por la sanidad de nuestros amigos y familiares. De este grupo en concreto, ninguno perdió la vida, si bien, por desgracia, otros amigos sí.

Juan y José Pablo con sus mujeres, Teresa y Juanita, y su madre, Angelita, todos recuperados del virus.

Los resultados del análisis de sangre de Juan fueron bastante negativos, ya que sus pulmones, hígado y riñones, estaban bastante afectados y no se sabía cómo iba a evolucionar la enfermedad, si agravándose hasta el punto de necesitar ir a la UCI, o hacia una mejoría que lo evitara.

«Afortunadamente mejoré, y una semana después se me enviaba a casa, a pasar otras dos semanas de control médico telefónico, al final del cual se me ha dado el alta médica».

«Es maravilloso constatar el grado de amor que nos une a los seres humanos, y que emerge en situaciones límite».

Ya recuperado y en casa, Juan hace la siguiente reflexión sobre su paso por el hospital y haber sufrido el Covid-19.

«En medio de esta situación sientes que no estás solo, que hay muchas personas que están preocupadas por ti, siguiendo muy de cerca tu enfermedad, e intentando dar lo mejor de sí mismas. Incluso hay personas que ignoras que lo están haciendo; pero es maravilloso constatar el grado de amor que nos une a los seres humanos, y que emerge en situaciones límite».

«Estamos envueltos en lazos de amor que nos desbordan por los cuatro costados, y de la mayoría de los cuáles no somos conscientes, como yo de la gravedad real de la enfermedad que he sufrido. Como cristiano he de confesar que durante la enfermedad se toma mayor conciencia de que esos lazos de amor son infinitos, tal y como nos decía nuestro Maestro, pues según él, Dios es como un Padre-Madre, fuente infinita de vida y amor, que sólo quiere lo bueno para sus criaturas».

«Y así lo he sentido durante todo este tiempo: en todo tipo de cuidados recibidos en el hospital, en las oraciones de muchos familiares y amigos, en los mensajes de ánimo y en un sinfín de pequeños detalles que son muestras de amor sincero».

«El Espíritu de Dios es una fuerza de vida que sostiene y alienta a todos los seres humanos y los lleva a vivir en comunión y amor con sus semejantes».

«Pero también, y de una manera muy clara, he sentido que Dios es la fuerza de mi fuerza, como dice el profeta Isaías; que el Espíritu de Dios, que está en todas sus criaturas, es una fuerza de vida que sostiene y alienta a todos los seres humanos y los lleva a vivir en comunión y amor con todos sus semejantes. Precisamente mi oración a Dios es que este tiempo de extrema dificultad nos haga más conscientes de esos lazos de amor, y que nos lleven a construir un mundo más justo y solidario».

Gracias a Juan y José Pablo Sánchez Núñez por contarnos sus experiencias con el coronavirus.

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