España está de luto

Hoy el gobierno ha decretado diez días de luto, empezando hoy y con un minuto de silencio a las 12 del mediodía. Es la primera vez desde la Democracia que se declara un luto tan largo. Y no es para menos. Las cifras de los muertos bailan todos los días. Lo último publicado son 236.739 casos de COVID-19 en España y 27.118 muertos. El luto no ha empezado hoy.

El crespón negro en memoria de las víctimas del COVID-19 lleva desde el 23 de abril en la Puerta de Alcalá, Madrid.

Personalmente, no he perdido ningún familiar. Amigos sí. Siento una enorme tristeza por España, por cada familia y cada persona que está sufriendo el peso de la pérdida en estos días. Desde aquí quiero expresar mi pésame a todos los que habéis perdido a un ser querido o un amigo.

El luto es necesario y es un proceso, distinto para cada persona. Hay fases, y no son lineales, se puede ir pasando de una a otra fase varias veces. El tiempo también varía, no hay un tiempo establecido, cada persona lo lleva de forma diferente. Necesitamos tiempo para recuperarnos y llegar al punto de la aceptación, cuando podemos recordar a la persona y sentir paz.

Con las muertes por coronavirus, hay un factor adicional que dificulta un duelo sano, y es el hecho de no poder despedir al ser querido. El temor al contagio, las normas sanitarias han deshumanizado todo el proceso. En España, hay un ritual que seguimos cuando alguien muere. Vamos al tanatorio, nos abrazamos, damos el pésame, recordamos a la persona fallecida, a veces surgen las risas al compartir anécdotas. Todo eso ayuda a asimilar la pérdida.

Pero durante el virus, miles de personas no han podido acompañar a sus seres queridos en sus últimas horas, no han podido decir el último adiós; en muchos casos no ha habido funeral o entierro. Hay personas que todavía no han recibido las cenizas. O el caso de amigos nuestros cuyo padre murió en otra provincia y tuvieron que viajar 250 km para asistir a la cremación y luego marcharse y deshacer el camino. Ni siquiera pudieron esparcir las cenizas en el río como su padre habría deseado.

Pero hay otro tipo de luto también. El luto de los sueños rotos. Los planes cancelados. Yo tenía dos viajes previstos en este tiempo, que tuve que cancelar, y otras muchas cosas que tuve que borrar de mi agenda. En mi caso, era decepcionante pero tampoco trágico. Sé que podré retomar estos planes más adelante. Pero hay millones de personas que han perdido su trabajo y no saben que les depara el futuro; en muchos casos, ni siquiera saben de donde saldrá su próxima comida. Hay largas colas en los bancos de alimentos de gente que nunca antes estuvo en esta situación. La demanda ha triplicado en poco tiempo. La pérdida de la esperanza es como un luto anticipado, un luto de difícil resolución.

¿Qué podemos decir ante esta situación como creyentes?

Sabemos que tenemos una esperanza futura, una vida eterna. Es una promesa de Dios que no todo acaba con esta vida y desde luego, cuando nos enfrentamos a la muerte, esa promesa cobra más fuerza, como han constatado algunas de las personas de quien he hablado en este blog que pasaron por el valle de la sombra de muerte.

Pero ¿también hay esperanza cuando nos enfrentamos al desempleo, la inestabilidad política, económica y social, la pérdida de libertades y la incertidumbre de lo que nos espera en el futuro?

De todas las religiones del mundo, el cristianismo es el único en que Dios se hace semejante a sus criaturas. Jesús vino al mundo y vivió en un tiempo revuelto, de enfrentamientos políticas y dificultades sociales. Se hizo hombre y nos comprende como alguien que ha experimentado la vida con sus alegrías y sus injusticias, igual que nosotros. Y venció a la muerte con su resurrección.
Los que le hemos conocido sabemos que es misericordioso, es compasivo, y camina a nuestro lado en las dificultades y en las celebraciones. No es un concepto, es una persona. Promete estar con nosotros y darnos su paz que pasa todo entendimiento. No es una esperanza vana. A menudo no entendemos las circunstancias de la vida, lo que nos ha tocado vivir, pero sí sabemos que podemos confiar en él. En un tiempo en que abundan los fake news, que ya no sabes qué creer, es un gran consuelo apoyarte en Jesús que es la Verdad. Él es el mismo, ayer, hoy y por siempre. No cambia. Su carácter es fiable. No miente. No busca lo suyo, sino que se da a los demás

Son tiempos en que los creyentes tenemos que, más que nunca, permitir que la vida de Jesús fluya a través de nosotros para extender nuestras manos hacia los demás, para mostrar misericordia, compasión, amor, y ayuda práctica de todas las maneras que podamos. En estos meses, las iglesias, los lugares de culto han estado cerrados, pero como le gusta decir a un amigo mío, el Espíritu Santo no está confinado. Dios está más activo que nunca. Porque lo que siempre decimos se ha hecho patente: la iglesia no es un edificio, la iglesia somos nosotros, los creyentes, y allá donde vamos llevamos la presencia de Dios, el Espíritu Santo, que está deseando traer ese consuelo que ningún ser humano puede ofrecer.

Me gustaría terminar esta entrada en este día de luto con una bendición. A principios de mes se compuso una canción en Estados Unidos en base a una bendición bíblica, y se ha hecho viral, con multitud de versiones en distintos idiomas. Se trata de la bendición de Aarón:

«El Señor te bendiga
    y te guarde;
el Señor te mire con agrado
    y te extienda su amor;
el Señor te muestre su favor
    y te conceda la paz».

Números 6:24-26 (Nueva Versión Internacional)

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